martes, 29 de octubre de 2013

100 Cuentos para Halloween

 FUENTE: http://lecturasindispensables.blogspot.com.es/2013/10/cuentos-halloween-terror.html

Compartimos 100 Cuentos para Halloween recomendados. Qué mejor que aprovechar el mes de octubre para leer grandes obras del terror y de lo fantástico, asustarse un poco, sorprenderse; pero sobre todo pasar un gran momento de lectura.

¡Ojo!, no es una lista de los mejores cuentos. Igual los invitamos a compartir en los comentarios otros relatos para el Halloween que recomienden. Pueden leer los cuentos haciendo click sobre sus títulos. 



  1. A la deriva - Horacio Quiroga
  2. Aceite de perro - Ambrose Bierce
  3. Afortunado en el juego - E.T.A. Hoffman
  4. Aire frío – H.P. Lovecraft
  5. Al final del callejón - Rudyard Kipling
  6. Al otro lado de la pared - Ambrose Bierce
  7. Arthur Jermyn – H.P. Lovecraft
  8. Berenice – Edgar Allan Poe
  9. Celefais – H.P. Lovecraft
  10. Cabalgando una bala - Stephen King
  11. Conversación con una momia – Edgar Allan Poe
  12. Dagón – H.P. Lovecraft
  13. Descenso al Maestrón – Edgar Allan Poe
  14. Después - Edith Wharton
  15. Dux y Dugaresa - E.T.A. Hoffman
  16. El alambre de púa - Horacio Quiroga
  17. El almohadón de plumas - Horacio Quiroga
  18. El altar de los muertos - Henry James
  19. El amo de Moxon - Ambrose Bierce
  20. El árbol de la colina – H.P. Lovecraft
  21. El asesino - Stephen King
  22. El barril amontillado – Edgar Allan Poe
  23. El brazo - Stephen King
  24. El caso de Charles Dexter Ward – H.P. Lovecraft
  25. El color que cayó del cielo – H.P. Lovecraft
  26. El corazón delator – Edgar Allan Poe
  27. El demonio de la peste – H.P. Lovecraft
  28. El desconocido - Ambrose Bierce 
  29. El entierro prematuro – Edgar Allan Poe
  30. El espectro - Horacio Quiroga
  31. El extraño – H.P. Lovecraft
  32. El gato negro – Edgar Allan Poe
  33. El funeral de John Montorson - Ambrose Bierce
  34. El guardián muerto - Ambrose Bierce
  35. El hijo - Horacio Quiroga
  36. El hombre de arena - E.T.A. Hoffmann
  37. El horla - Guy de Maupassant
  38. El huésped siniestro - E.T.A. Hoffmann
  39. El hundimiento de la casa Usher – Edgar Allan Poe
  40. El joven Goodman Brown - Nathaniel Hawthorne
  41. El lobisón - Horacio Quiroga
  42. El misterio de Marie Roget – Edgar Allan Poe
  43. El monte de las ánimas - Gustavo Adolfo Bécquer
  44. El morador de las tinieblas – H.P. Lovecraft
  45. El pantano de la luna – H.P. Lovecraft
  46. El pozo y el péndulo – Edgar Allan Poe
  47. El que susurra en la oscuridad – H.P. Lovecraft
  48. El retrato oval – Edgar Allan Poe
  49. El sabueso – H.P. Lovecraft
  50. El sanctus - E.T.A. Hoffman
  51. El superviviente – H.P. Lovecraft
  52. El terrible anciano – H.P. Lovecraft
  53. El vampiro - Horacio Quiroga
  54. En el submundo del terror - Sephen King
  55. Hay que aguantar a los niños - Stephen King
  56. Historia de fantasmas - E.T.A. Hoffmann
  57. Hop-Frog – Edgar Allan Poe
  58. Incidente en el puente Owl Creek - Ambrose Bierce
  59. Johnathan y las brujas - Stephen King
  60. La balsa - Stephen King
  61. La bestia de la cueva – H.P. Lovecraft
  62. La caja oblonga – Edgar Allan Poe
  63. La campanilla de la doncella - Edith Wharton
  64. La carta robada – Edgar Allan Poe
  65. La casa vacía - E.T.A. Hoffmann
  66. La ciudad sin nombre – H.P. Lovecraft
  67. La cosa maldita - Ambrose Bierce
  68. La declaración de Randolph Carter – H.P. Lovecraft
  69. La gallina degollada - Horacio Quiroga
  70. La habitación cerrada – H.P. Lovecraft
  71. La hermandad negra – H.P. Lovecraft
  72. La hoya de las brujas – H.P. Lovecraft
  73. La imagen de la muerte - Stephen King
  74. La llamada de Cthulhu – H.P. Lovecraft
  75. La lotería - Shirley Jackson
  76. La máscara de la muerte roja – Edgar Allan Poe
  77. La muerte de Halpin Frayser - Ambrose Bierce
  78. La nave blanca – H.P. Lovecraft
  79. La novia del fantasma - Washington Irving
  80. La pata de mono - W.W. Jacobs
  81. La torre – H.P. Lovecraft
  82. La trituradora - Stephen King
  83. La verdad sobre el caso del señor Valdemar – Edgar Allan Poe
  84. Las ratas de las paredes – H.P. Lovecraft
  85. Ligeia –Edgar Allan Poe
  86. Los amados muertos – H.P. Lovecraft
  87. Los crímenes de la calle Morgue – Edgar Allan Poe
  88. Los gatos de Ulthar – H.P. Lovecraft
  89. Los Mensú - Horacio Quiroga
  90. Los misterios del gusano - Stephen King
  91. Los otros dioses – H.P. Lovecraft
  92. Manuscrito hallado en una botella – Edgar Allan Poe
  93. Metzengerstein – Edgar Allan Poe
  94. Polaris – H.P. Lovecraft
  95. Reparto matutino (El lechero, 1) - Stephen King
  96. Rip Van Winkle - Washington Irving
  97. Seis disparos a la luz de la luna – H.P. Lovecraft
  98. Un habitante de Carcosa - Ambrose Bierce
  99. Una carretera iluminada por la luna - Ambrose Bierce
  100. William Wilson – Edgar Allan Poe

miércoles, 23 de octubre de 2013

LA ESCUELA (CUENTO DE TERROR)

FUENTE: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.es/search/label/cuentos%20sobre%20escuelas%20embrujadas

Carlos había caminado desde la ruta. Ya le dolían las manos de cargar sus maletas, y el camino seguía y seguía delante de él.  Hacia todos lados se extendían largamente unos campos resecos que clamaban agua bajo un sol indiferente. Y algunas cabezas de vaca, de cuencas vacías y huesos al aire, despojos de la Muerte que merodeaba por allí, fueron testigos de la caminata de Carlos.
Al ver un maizal amarillento, notó que un poco más allá de éste se asomaban unas casas: ya estaba cerca.  Al entrar al caserío salieron a ladrarle sin muchas ganas unos perros flacos, pero fue suficiente para advertir a los pobladores, que menos osados que sus perros, se asomaban por las ventanas o entreabrían las puertas.  De una de las casas salió un hombre que tenía un sombrero de paja sobre su cabeza. Éste interceptó a Carlos y le tendió la mano al saludarlo:

- ¡Buenas tardes! ¿Usted es el maestro que mandaron pa acá?
- Sí, soy yo -le contestó Carlos, y le dijo su nombre; el otro dijo el suyo junto a un “Pa servirle”, después volteó rumbo a su casa y le gritó a su mujer:
- ¡Juana! ¡Traete un jarro de agua pal maestro, mujer! -y seguidamente se dirigió a Carlos:
- Ve aquella casona que está allá arriba, allí es la escuela, es donde usted va a vivir, vio.

Tras tomar el agua que le ofrecieron siguió caminando junto al campesino de sombrero de paja. Frente a la escuela, que era una casona agrietada por donde se la mirara, habló un rato con el hombre y luego entró.
Un pizarrón pequeño, en lo que antes era la sala, indicaba que allí se daban las clases, y una capa de polvo que cubría todo decía que había pasado bastante tiempo desde la última.
Recorriendo el resto del lugar, Carlos concluyó que el edificio había sido el hogar de los dueños de los campos de la zona, y que luego tal vez lo habían donado a la gente del caserío.
Eligió una habitación y desempacó las maletas. Hacia el atardecer golpearon la puerta. Era una muchacha que le traía un poco de comida; detrás de ella había varios niños sonrientes pero tímidos como un animalito montaraz.    
Cenó temprano, iluminado por un farol que había llevado, poco después se acostó.  El caserío próximo desapareció detrás de una cortina de oscuridad y se impuso el silencio.
Una serie de ruidos despertó a Carlos. Se sentó en la cama, y en la oscuridad de la habitación prestó atención a los ruidos. Sonaba como si un grupo de gente se moviera por la casa.  Tanteó la caja de fósforos, y con el momentáneo fulgor de uno encontró el farol, lo encendió y fue a investigar.

El corazón le latía fuerte en el pecho al atravesar el corredor. Cuando creía que de un momento a otro iba a iluminar a los intrusos, no veía a nadie, y el ruido venía de otro lado. Cuando abría de golpe una puerta, nada; movía de un lado para el otro el farol, buscando,  pero no hallaba nada.  y aunque era un hombre sin tendencias a creer en lo sobrenatural, estuvo claro para él que se encontraba en una casa embrujada.  Fue hasta su habitación para terminar de vestirse y salir de allí. Al entrar se topó con la aparición de un hombre cuyo rostro y cabeza estaban surcados de tajos hondos y anchos.  Entonces  Carlos retrocedió hasta salir de la habitación; la aparición sólo lo siguió con la mirada. Ya en el corredor se echó a correr y así salió de la casa. Se quedó afuera hasta el amanecer. Confiando en la luz del día empacó apresuradamente sus maletas. Cuando iba atravesando el caserío, un hombre que carpía una huerta reseca le preguntó al pasar:

- ¿Pa dónde va, maestro?
- Me tengo que ir. Decidí no quedarme -le contestó Carlos, e intentó seguir, pero otro campesino lo había visto y se le interpuso en el camino. 
- ¿¡Cómo es eso de que se va!? ¡Usted no nos puede dejar así como así nomás! -gritó este otro.
Algunos escucharon los gritos y se arrimaron con herramientas en las manos. Pronto Carlos estuvo rodeado de miradas de ira.
- Lo siento, les pido disculpas. En cuanto llegue a la ciudad voy a procurar que envíen a alguien más. Si me permiten pasar ahora me tengo que ir. Disculpen,  permiso.
- ¡Y quién le va a enseñar a nuestros hijos! -gritó alguien, y otros gritaron también, y los reclamos se volvieron insultos, y Carlos se vio zarandeado para un lado y para el otro, algunos lo empujaban, otros tiraban de él, y gritaban cada vez más, y las voces se enronquecían. La cólera terminó dominando al grupo. Él intentaba hacerlos razonar, pero la ira de los campesinos sólo aumentaba. Una pala se levantó entre la muchedumbre iracunda, furiosa, y descendió velozmente hasta la cabeza de Carlos, y otras herramientas se alzaron también, descargando su furia en el maestro.
Después el frenesí dio paso a una calma repentina, y quedaron mirando los restos ensangrentados de Carlos. Uno de los campesinos miró a los otros y preguntó:

- ¿Y ahora qué hacemos?
- Lo enterramos en el sótano de la escuela como al otro maestro -propuso uno.